Ensalada de Burrata con Tomates Asados y Pesto de Albahaca
Una oda al Mediterráneo donde la burrata cremosa se funde con tomates cherry asados al punto de caramelo. El pesto de albahaca fresca y la reducción de balsámico añejo envuelven cada bocado en un equilibrio perfecto entre dulzor, acidez y frescura herbácea.

Preparación paso a paso
Precalentar el horno a 180 °C. Lavar y secar los tomates cherry, disponerlos en una bandeja de horno, rociar con aceite de oliva virgen extra y sazonar con sal y pimienta. Asar durante 20-25 minutos hasta que estén ligeramente arrugados y caramelizados, liberando sus jugos naturales. Retirar del horno y reservar tibios.
Mientras se asan los tomates, preparar la reducción de balsámico. Verter el vinagre en un cazo pequeño y calentar a fuego medio-bajo. Dejar reducir suavemente entre 8 y 10 minutos, sin que hierva en exceso, hasta obtener un jarabe espeso que cubra el dorso de una cuchara. Retirar del fuego y dejar enfriar: la reducción espesará más al atemperarse.
Tostar los piñones en una sartén antiadherente seca a fuego medio-bajo durante 2-3 minutos, agitando o removiendo constantemente, hasta que adquieran un tono dorado uniforme y desprendan su aroma a fruto seco. Volcarlos inmediatamente sobre un plato frío para detener la cocción y evitar que se quemen. Reservar unos pocos para la decoración final.
Elaborar el pesto. En un mortero (para una textura más rústica) o en el vaso de un procesador de alimentos, combinar las hojas de albahaca fresca, la mayoría de los piñones tostados, el diente de ajo pelado y desgerminado, el Parmigiano Reggiano rallado y una pizca de sal. Triturar mientras se vierte el aceite de oliva en un hilo fino y constante hasta obtener una pasta homogénea pero con cuerpo. Probar y rectificar de sal.
Montar la ensalada. Escurrir las burratas delicadamente del líquido de conservación y colocar una pieza entera en el centro de cada plato hondo o fuente de presentación. Rodear cada burrata con los tomates asados aún tibios y sus jugos caramelizados. Coronar cada burrata con una cucharada generosa de pesto sobre la cima blanca.
Terminar el plato con un hilo fino de reducción de balsámico trazado sobre el conjunto. Espolvorear unas escamas de sal Maldon, un golpe de pimienta negra recién molida y los piñones tostados reservados. Servir de inmediato para disfrutar del contraste entre la burrata fresca y los tomates tibios.